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Escuela de Emprendimiento Femenino, un proyecto estrella que se inicio en Quillota el 4 de mayo.

Hemos iniciado una nueva experiencia de enseñanza-aprendizaje y estamos expectantes por saber qué gratas sorpresas nos deparará este proyecto gestionado por el Centro de Desarrollo de Negocios QUILLOTA. Este Centro es operado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en virtud de un convenio de colaboración celebrado con el Servicio de Cooperación Técnica SERCOTEC.

Son muchos los cursos y talleres de emprendimiento e Innovación que hemos dictado a lo largo de 15 años de investigación y docencia en este ámbito del quehacer humano.

Nuestros alumnos y participantes han sido profesionales vinculados al dominio de la innovación y el emprendimiento, ejecutivos de empresas, jóvenes profesionales, estudiantes universitarios, microempresarios y otros variados agentes productivos, nacionales e internacionales.

El evento que iniciaremos en pocos días más nos recuerda que hace algunos años fuimos invitados a dictar este tipo de talleres a 400 mujeres jefas de hogar de la Región de Atacama que luchan por mejorar la calidad de vida de sus familias complementando su rol de dueñas de casa con sus propios emprendimientos.

Es esta última actividad la que nos ha reportado las más altas gratificaciones pues hemos apreciado el enorme interés con que estas mujeres se empapan de las herramientas que les entregamos y la pasión con que las ponen en práctica.

Un breve análisis y evaluación del programa de capacitación desarrollado en aquella oportunidad es el siguiente:
Al momento de iniciar el programa, todas las mujeres participantes ya habían incursionado en algún negocio que le permitiera conseguir mejores ingresos para sí mismas y sus familiares directos que viven a sus expensas.

Todos estos emprendimientos surgieron producto de un “quiebre” que transformó sus modos de vivir y que trastocó drásticamente el estado de ánimo de resignación y de aceptación de las interrelaciones que habían cultivado en su propio entorno o ecosistema. Esta actitud de rebeldía corresponde a una declaración ontológica de “basta ya”.

El emprendimiento, primario en la mayoría de los casos, marca un punto de inflexión en las vidas de estas mujeres y comienzan a cultivar un estado de ánimo de ambición que las impulsa a buscar ayuda para aprender a desenvolverse en mayores espacios de libertad, de independencia en la toma de decisiones y de realización personal.

Las circunstancias descritas las hace participar con entusiasmo en las diversas actividades de aprendizaje consultados en estos programas de capacitación, asumiendo una alta cuota de sacrificio al tener que abandonar sus múltiples roles y quehaceres (de orden familiar y de atención a sus pequeños negocios) para poder asistir a los cursos y efectuar sus tareas y ejercicios. Algunas participan en compañía de sus hijos pequeños o bebés.

Los Talleres dan cuenta de la eficacia de la metodología del proceso de enseñanza-aprendizaje empleado, que privilegia más el aprendizaje experiencial, emocional y corporal que la entrega de conocimientos teóricos intelectuales, que son difíciles de aprehender e internalizar.

Las sesiones de coaching individual direccional son relevantes para reforzar y orientar el desarrollo de los emprendimientos. Direccional en dos acepciones: (a) detección de las debilidades del proyecto de negocio innovativo que han diseñado e implementado (en algunos casos) para que los monitores entreguen o profundicen técnicas y ejercicios para superar estas debilidades; y (b) focalización de los proyectos de negocio a tono con una visión de futuro poderosa y ambiciosa que supere los límites que les impone el paradigma geográfico, territorial, social y económico en el cual se han acostumbrado a habitar y crecer.

Otras dos observaciones adicionales nos llamaron poderosamente la atención:
En general, las mujeres no dan valor monetario a su trabajo. La cultura social que predomina en su ambiente las impele a cumplir un rol de servicio hogareño gratuito que forma parte de su “ethos”, es decir corresponde a su modo o forma de vivir. Es por ello que en su inmensa mayoría no costean monetariamente su trabajo al momento de fijar costos de producción, precios de venta y márgenes de utilidad de sus productos y servicios.

Asimismo, la atávica cultura de trabajo individual hogareño que las caracteriza hace que les sea muy difícil incorporar a sus proyectos conceptos como trabajo en equipo, constitución de sociedades comerciales o alianzas estratégicas, delegación de funciones, contratación de terceros, apertura de sucursales, o incursionar en mercados más allá de las fronteras de su barrio. O trabajan solas, o a lo más con su grupo familiar.

Expresamos nuestra gratitud a estos puñados de mujeres por las enseñanzas que nos dejan y por sus palabras de aliento, que son la fuerza que nos impele a perseverar en la misión de nuestra empresa.

Sylvio Campos, EGYM