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Una visión poderosa.

El poder de la Inspiración

Mi “visión poderosa”, aunque se puede llamar inspiración del momento. Creo que es digna de contarla en esta ocasión.


Yo por ese entonces estaba cursando segundo medio (A). Hace algún tiempo me habían ofrecido ser del equipo de futbol del curso (jugábamos en una cancha “profesional” de 11 vs. 11) como defensa lateral, izquierdo o derecho, dependiendo del partido, llevábamos aproximadamente 3 partidos jugados y teníamos 100% de efectividad. El único equipo que según el ambiente nos superaba era uno de los terceros medios de ese año, ni siquiera los cuartos medios nos superaban; nunca me olvidare de mi “rivalidad” con las personas de ese curso. Precisamente uno de sus mejores jugadores había tenido un problema amoroso conmigo, el quería estar con mi polola en ese entonces y por supuesto, yo no me iba a dejar pasar a llevar tan fácilmente. En fin, para hacer el cuento corto, el capitán de nuestro equipo organizo un partido crucial; en él se sabría cual era el mejor equipo del colegio. Una semana antes del encuentro (sin saber que estaban organizando este partido), encare al sujeto que me estaba molestando, dejándole bien en claro cual era mi posición.


El tipo se reía de manera amenazadora y burlesca cuando me veía pasar. Al enterarme que teníamos un partido contra su curso un par de días antes del duelo, pude entender el porque de su irritante actitud. Mi primera reacción fue de susto, el tipo iba a ir en serio en el partido y no estaba seguro de si iba a poder detenerlo. Pero luego empecé a pensar en mis posibilidades. Si jugaba bien podría demostrarle que no iba a ser fácil si se “metía conmigo”.

Llegado el día de jugar, estaba aun más nervioso. Sentía la presión de mis compañeros que querían ganarles y demostrar que eran los mejores del colegio y por otro lado mi telenovela personal con ese curso, en especial con “el nano” (así le decían sus amigos por su nombre de pila que era Fernando). Organizando el equipo, decidimos que yo fuera por la banda derecha en la defensa. Justo por el lado donde el cargaba como atacante. La cosa se iba a poner interesante. El capitán de mi equipo se acerco y me aconsejo que tuviera cuidado con él y que no me viera enfrascado en ninguna pelea porque estábamos para jugar futbol. Ya para ese entonces mi nerviosismo hubiera sido difícil de superar.

Ya en la cancha las cosas no iban mejor. Me había sacado mis lentes y estaba acostumbrándome recién a mi vista limitada sin ellos mientras ocupaba mi posición en el campo. Cuando por fin comenzamos el partido los nervios fueron decreciendo, cada carga que venía por mi lado la detenía de buena manera. El primer tiempo tuvo algunos parajes complicados, íbamos empatando a 1, goles del Sepúlveda por nosotros y de Segovia por ellos. Terminados los 45 minutos, me sentía muy agitado, pero tranquilo con mi actuación. Mientras tomaba un poco de agua y me refrescaba antes de empezar el segundo tiempo sentí que este iba a ser mi día.

Comenzado el segundo tiempo las cosas se pusieron difíciles. No atacábamos y la pelota pasaba en nuestro lado. Estábamos a punto de perder. Los tiros de Diego Segovia, el nano y otro del que no logro acordarme del nombre pasaban muy cerca de nuestro arco. Cuando llevábamos aproximadamente 20 minutos jugando. El nano, que estaba en ese momento en la mitad de la cancha recibió la pelota y empezó a avanzar por mi banda, directamente hacia donde estaba yo cubriendo la zona. En ese momento sentí que era capaz de todo. El no me iba a pasar, de ninguna manera. Y nuestro equipo iba a ganar si o si el partido. Se acercaba, como era su especialidad, velozmente. Lo espere lo suficiente para que el intentara una maniobra arriesgada, tratando de sobrepasarme por la banda. Tenía el presentimiento de que haría algo así, de manera que estaba preparado. Le di un poco de espacio para que avanzara y fue entonces cuando reaccioné. Me tire en una barrida de esas típicas que hacia en ese entonces (solía estar con las piernas todas rasmilladas por lo mismo). Era la distancia ideal para enganchar la pelota a mi pie y así sucedió. La tenía a mis pies y el nano había pasado de largo asíque tenia unos segundos para decidir que hacer con ella. Mire a mí alrededor. Una masa de camisetas naranjas ya se dispersaba por el campo para recibir mi entrega. Pero yo tenía otra cosa en mente. Había visto muy bien como estaban reaccionando los defensas del otro equipo, cubrían muy bien a los atacantes. Si, a los atacantes… pero yo era defensa…

Estaba muy lejos del arco contrario, de hecho, estaba cerca del área grande del mío. Y dudaba que fuera a poder llegar corriendo hasta el otro arco sin perder la respiración en el intento. Pero aun sentía que era mi día asíque tenía que intentarlo a como de lugar. Llegaría hasta el otro arco y marcaría el gol que significase más que nuestra victoria. Este simple hecho me daría más confianza en mi mismo y en mis objetivos, y me haría sentir que ellos no me podrían pasar a llevar. En definitiva, un golpe anímico personal.
Pues salí entonces disparado hacia el arco contrario, al esquivar al mediocampista de contención el camino estuvo despejado, todos los defensas se habían dispersado hacia sus marcas personales. Ya para cuando se dieron cuenta de lo que estaba haciendo, estaba cruzando la mitad de su área a toda velocidad. Otro mediocampista me salio al paso pero le pude ganar en velocidad y cuando estaba a punto de entrar en el área de ellos, llego uno de los centrales a pararme. Al ver que no iba a poder pasarlo y que el aire se me estaba acabando, se la pase al delantero que dejo libre ese central, Álvaro Sandoval. Quien, al darse cuenta que yo seguía corriendo, empecinado en llegar al arco de los de tercero, me la devolvió con una pared sin problemas. Cuando me fije que la pelota venia hacia mi y a su vez otros 2 defensas que estaban llegando a cubrir, lo único que e quedaba era pegarle al arco. Y bueno, eso hice. Salió un tiro a media altura recto, pero esquinado hacia la izquierda. Lejos de las manos del arquero, del cual tampoco logro acordarme del nombre.

El alivio y la felicidad que sentí en ese momento son impagables. Me había esforzado todo el partido en mi pequeña lucha personal de emociones que iban y venían. Y había podido cumplir lo que tanto anhele al momento de quitarle la pelota al nano. Cruzar toda la cancha con la pelota y poder gritar un gol a lo Maradona. Fue lo mejor. Aunque acepto que si no hubiera tenido el apoyo preciso de Alvaro, no hubiera podido lograrlo.

Lamentablemente ese partido lo empatamos a 2-2 con otro gol de Segovia. Pero no me importo, a esa altura lo único que quería era no olvidarme nunca de ese momento. Y eso he hecho hasta ahora.
Es un ejemplo súper trivial, pero muy significativo para mí. El hecho de haber vencido mis miedos e inseguridades, y demostrarme, de alguna u otra manera, tanto a mí como a ellos lo que yo valía, me dio la confianza necesaria para no dejarme pasar a llevar por ellos que eran más grandes y con más personalidad que yo. Más aun, de esa ubicación en el campo de juego mis compañeros no me movieron hasta que salimos del colegio. Años en los que fuimos, gratamente, los mejores del colegio.
Ahora, insisto, se puede escuchar muy trivial, pero en ese momento significo muchísimo para mí. Por algo es que lo he recordado hasta el día de hoy.

Mario Valdebenito Rodas.



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